Frágilmente se confunden los caminos
en las noches que furtivamente me denuncian.
No es mi vida tan voraz como parece,
pero tampoco es tan inocentemente crédula.
Cuando ni en los espejos encuentro mi rostro,
el ardor en mis ojos enmascarando el insomnio
hace más difícil el ver los testigos tras el cristal
y lloran mis ojeras, que grandes son recordando.
Tras la agonía de los mitos, llega la realidad
y no llega sola, pero al final se aleja de todo.
Con el destino fantasmeando entre paredes,
burlándose de nosotros por que aún no lo encontramos.
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