10.5.07

Cada vez que paso por este pasillo
Pablo esta tocando su violín.
Tengo años escuchándolo estudiar
con la misma cara de melancolía. Pálida.

Se para con decisión frente a la ventana
y a causa de su exagerada delgadez
pareciera que el delicado arco de madera
es sólo una extensión de su mísero brazo.

Sorprende más la nostalgia con la que toca,
que los sonidos tan pobres que produce,
en realidad, nunca ha tenido mucho talento.
Sin embargo, hoy logró captar mi atención.

Su forma de tocar empezó a traspasarme
y llegue apensar que había mejorado,
pronto advertí mi deliberado error
seguía tocando mal, pese a los esfuerzos.

Pero hoy me cautivó su tristeza al tocar.
Tal vez lo entendí y me sentí menos sólo
porque te extrañe todo el jodido día...
y las notas de Pablo me hicieron recordarte.

D* AMOIU

1 comentario:

Anónimo dijo...

siempre me gusto mucho este poema mucho talvez su encanto radique en la sencilles de lo que expresas, como cuando escuchas una cancion solo para lastimarte, todos somos masoquistas aunque algunos se niegen a aceptarlo, pero antes de seguir arruinando tu blog con mis comentarios solo puedo decirte: que exasperante es tu perfeccion, como si te negaras a ser lo que inebitablemente eres.
Asi que a veces es preferible no provocar tu inteligencia.
Ann